Bitácora de un recorrido maravilloso

Por: Toño Sánchez Jr.

Por llenarse uno a veces de prejuicios pendejos, ni siquiera infundados, se pierde uno de disfrutar grandes placeres de la vida, como es el de conocer otras culturas, personas, climas, comida, costumbres, modos de vida y adquirir conocimientos.

Siempre evité ir a México por esos prejuicios, hasta que me tocó ir por obligación. Por primera vez me atrevo a contar esta historia completa, ya que una vez hice una pequeña aproximación, tal vez no lo escribí todo aquella vez, por pena o por no aventurarme en el género de crónicas de viaje.

Quería una entrevista con un escritor que estaba en Washington, me puse en contacto con él, me respondió que no había problema. ¡Pero para él! Me dijo que tenía que ir hasta allá. Le expliqué que me quedaba muy difícil y que los costos se me elevaban y el programa de entrevista [Semblanzas con Toño Sánchez Jr.] no generaba para cubrirlos. Él tuvo que sentir mí frustración con el silencio que hice. Tengo que reconocer que fue él quien encontró la salida. Me dijo con su hablado cantadito: “Pero a Guadalajara sí puedes ir, es la Feria Internacional del Libro y yo voy a estar allá presentando mi libro”. 

Mi respuesta fue mecánica, sin ninguna certeza de que pudiera viajar: “Claro que sí, déjame y cuadro todo y te vuelvo a escribir”. Comprobé una vez más que uno por la búsqueda de una entrevista o crónica hace cualquier locura o agita al mundo por lograrla. Me sentí emocionado al inicio, al saber que iba a ir a una de las ferias internacionales del libro más importantes de este Hemisferio, las otras son la de Argentina y Bogotá.

Y regresaron a mi cabeza los prejuicios. Y los deseos de excusarme. Excusa que tenía que ser una mentira, lo cual me hacía sentir peor. Hasta que dije, este pendejo prejuicio de no querer ir a México no me va a detener. Compré los tiquetes, pagué el hotel desde acá y me fui.

Nada volvió a ser lo mismo para mí con respecto a México, en especial con Guadalajara. Esta tercera vez que estoy aquí, lo digo con afecto y amor, vengo por la Feria y por Guadalajara: la tierra de los Libros por estos días, la del Mariachi, la del Tequila, la de los Charros y la de las hermosas Tapatías.

Cuando aterricé por primera vez al aeropuerto Miguel Hidalgo de Guadalajara, nombre tomado de un héroe de la Guerra de Independencia de México, supe que había llegado a una tierra en donde tenía mucho que aprender. Y así ha sido.

Aquella primera vez que fui, al salir a la zona de taxis del aeropuerto, vi el parqueadero, y se me vino a la mente unas terribles imágenes de noticieros del cuerpo ensangrentado del Obispo de Guadalajara, Juan Jesús Posadas Campos. Fue una balacera que se dio entre mafiosos, en ese parqueadero, hecho que sucedido un 24 de mayo de 1993. Después se tejió toda una novela sobre lo que verdaderamente pasó, se afirmó que esa ‘accidental balacera’ fue mentira, sino que iban por el Obispo. Esto genero un enfrentamiento entre los carteles del narcotráfico de Guadalajara. Y salió a relucir un nombre que ya es una ‘franquicia’ de las drogas: un tal ‘Chapo’ Guzmán.

Lo reconozco, tengo una incontrolable atracción por lugares donde han sucedido hechos dignos de narrar o que quisiera narrar, pueden ser buenos o malos, pero eso la aprecia o decide el lector en la narración. 

Sigamos. En esa primera vez, hago la normal larga fila para coger el taxi que me llevará al hotel

Al llegar mi turno se baja un sonriente señor de su taxi, me saluda, me quita la maleta de mi mano y la sube al baúl. Ya montados los dos, con su misma sonrisa, me da una cálida bienvenida a Guadalajara. Y empieza a hablarme como si nos conociéramos de hacía tiempo. Pero miren, como los prejuicios te acechan, por eso hay que estar en pie de guerra contra ellos. Inicialmente pensé que era un ‘man’ ‘mete mono’. Lo cierto era que su amabilidad invitaba a conversar con él. Los 50 minutos del aeropuerto al hotel fueron de los trayectos más encantadores que he tenido conversando con un taxista. Ojo, siento por este esencial oficio, respeto, afecto y consideración.

Pero al pasar de los días comprobé que todos son cordiales, cálidos y muy respetuosos. Aquí los taxistas están a una altura cultural, sobre la historia de su tierra, que solo produce admiración. Y el amor que profesan por Guadalajara, sus costumbres, comida y cultura, te dejan anonadado. Tal vez por todos estos detalles es que México está entre los 10 países del MUNDO que más divisas para su PIB recibe por el turismo.

Aquella vez hice todo mi trabajo, entrevisté a Jesús J. Esquivel (En mi canal de YouTobe: Semblanzas con Toño Sánchez Jr. Pueden ver la entrevista, yo mismo fui el camarógrafo) y empecé a conocer la ciudad, la gente, su comida, cultura y costumbres. Y me enamoré de Guadalajara.

Descubrí que los taxistas son una máquina de historias. Falsas o verdaderas, no tengo todavía ese algoritmo, pero bien contadas popularmente me gustan. Descubrí que reconocen tener cierto ‘feeling’ con los colombianos, pero con los del interior, porque no conocen a muchos de la Región Caribe, lo cual fue para mí una emocionante y vital tarea de dejar en claro como es la vaina. 

Esta tercera vez que fui, fue un viaje terrible por los atrasos en los vuelos, un vuelo de 6 horas terminó en uno de casi 18 horas. Salí del aeropuerto todo somnoliento, sin ganas de hablar. Al hacer la fila para esperar el taxi noto que hace un frío de miedo. Oigo a dos pasajeros que van adelante hablando de un “frente frío” que está pasando por Guadalajara y que ocasionará por dos días mucha lluvia y baja temperatura. Y así fue. Me monto en el taxi y el conductor en menos de 10 minutos me tenía bien despierto y haciéndome reír.

Al hotel, a dejar maleta, cepillarse los dientes y de inmediato a la Feria FIL 2018. Bueno, quienes se encontraron conmigo ese día se están enterando de esto ahora. Pero no quería perder tiempo. 

Llegar allí es maravilloso. Todo mundo te quiere atender. Si dices que vienes de otro país, son un mar de atención para ayudarte en todo. Estar inmerso en esa gigante estructura de libros es maravilloso. Estando allí, concluyo una vez más, que el poder de la atracción existe y es real. Pero dejemos el recorrido dentro de la FIL 2018 para otra columna (Pero quienes me han seguido en las redes ya han visto todo lo que he publicado y hasta transmití, en vivo, una conferencia con el exalcalde de Barcelona Jean Clois I Matheu, sobre el ‘Urbanismo del Siglo XXI’: ¡Extraordinaria!).

En los ratos libres que quedaban fui a los sitios históricos y restaurantes típicos. Y las Catedrales y Templos de Guadalajara hacen parte de estas obligadas visitas. Vean, yo no soy religioso ni soy el mejor creyente del mundo, pero sí les aseguro que la espiritualidad en la que me muevo es la que me ha tenido en pie. 

Hay pocos sitios, de los cuantos que conozco, que me han impresionado por su energía cuando uno entra a ellos, y esto para mí ha marcado mí vida.  El primero fue el sitio donde descubrieron la tumba de Tutankamón en Egipto, el Valle de los Reyes. De los otros cuatro, tres están en un mismo sitio, Jerusalén. Y en el siguiente orden entré a ellos. El Domo de la Roca, en la llamada Explanada de las Mezquitas. Cuando llegas a la antesala, donde tienes que quitarte los zapatos, ya tus manos no son las mismas ni tu cuerpo ni tu alma, bueno si la tienes. El otro sitio poderoso, El Muro Occidental, o mejor conocido como El Muro de los Lamentos. Mira, cuando tú pones la cabeza sobre esa piedra ya verás lo que vas a sentir. Luego, llegué al sitio sagrado por excelencia para el cristianismo: El Santo Sepulcro. De este solo te puedo decir, que así seas ateo o lo que sea, se te quita por unos segundos. Hay que estar allí para creerlo. Y el último, fue Iglesia de La Natividad, en Belén, donde nació Jesús. En esta última fue la única vez que estuve en una misa de más de 4 horas, fue la noche del 24 de diciembre de 1989.

Siempre me ha causado inquietud y misterio todo esto de la energía de ciertos lugares. Y eso que no he ido al Tíbet ni a otros lugares en donde hablan maravillas de lo que allí pasa y se siente.

No sé si por mi formación de cronista y amor a la misma, que uno en todos esos sitios se pone pensar lo que pasó allí, de cuanta sangre se derramó para construir todos esos sitios. De cómo nuestra historia está ligada a la religión, nos guste o no. Pero lo cierto es que en esos lugares se respira poder y se siente mucha energía. Que lo aceptes o no, es tu respetuosa decisión, pero yo esto no lo escribo para discutir sobre ese delicado y sensible tema. Hago solo un relato de viaje y experiencias. Lo único que reconozco y discuto con quien sea, es que somos energía, y unos la sentimos más que otros. ¿Para bien o para mal?, eso no lo sé tampoco y ni quiero saberlo, que cada quien viva la experiencia.

Y los otros sitios donde volví a sentir una energía como aquella de hace tantos años, fue en el Templo Expiatorio en Guadalajara, hace cuatro años. Y lo descubrí porque me gusta caminar las ciudades para conocer sus calles, ver la gente, sentarme en una cafetería o parque y ver hablar a los demás. Bueno, iba en mi camino y veo semejante estructura y quedo impresionado. Y al entrar, quedo conmovido y vuelvo a sentir toda esa energía. De allí en adelante las dos veces más que he venido, he sentido una extraña atracción de volver a entrar. Y lo hago. Entro, medito y me voy. ¿Si sirve o no?, no lo sé, pero la paz y tranquilidad que me produce, no la cambio por nada del mundo.

El otro sitio fue también en México. Hace tres años vine a acompañar a unos boxeadores a Ciudad de México para una pelea de título internacional. Teníamos dos días de asueto. Y le dije al gran entrenador Pedro Vanegas, acompáñame a esa vaina de la Virgen de Guadalupe, para ver cuál es la bulla. Así textualmente se lo dije.

Llegamos. Después de recorrer varios sitios fuimos a donde era. Allí el impacto fue mayor, y se lo atribuyo a mi lengua. Qué vaina de impactante. Hay que ir para constatarlo. Que hay gente que no siente nada, es verdad. Porque hay gente que no quiere sentir nada en su vida. Y ya eso es otra cosa.

Lo reitero, yo no soy religioso. Soy un agrio crítico de la Iglesia Católica, como organización, pero respeto su Fe y Credo. Como condeno que el Islam sea utilizado como arma terrorista. Yo lo que aquí quiero resaltar es el poder de la Fe y de la energía que emana de ciertos lugares. Y yo no estoy redescubriendo el agua o la rueda. Hay gente muy preparada a nivel mundial que ha hecho libros sobre estos temas. Mire, no nos vayamos lejos, y olvidemos los sitios que les mencioné. De pronto le ha pasado en alguna casa en Montería. Usted entra y de pronto siente ‘algo’ extraño, siente que ha entrado en una misteriosa y fea trampa o a un cementerio, y quiere salir corriendo. Bueno, lo mismo, pasa con otros sitios o lugares. Ni hablemos de la ‘energía’ de algunas personas, que ‘recocheramente’ llaman ‘vibra’. 

Pero nos alejamos del diario de viaje.

Esta vez, después de salir del Templo Expiatorio me fui a pie hasta la Embajada de Estados Unidos en Guadalajara, era un largo trayecto, pero lo quería caminar. Me fui por toda la Avenida La Libertad, que está a un costado de ese consulado. La otra Avenida es la López Cotilla. Cuando iba llegando muchas personas me preguntaban: “¿Qué servicio quieres?” “¿Qué quieres de la Embajada”?. Yo solo decía: ‘gracias’. Y seguía caminando. Cuando de pronto me veo en la acera del frente del edifico de la Embajada. Por ese sector hay una cantidad de personas sentadas en mecedoras y sillas. Dejo de caminar rápido. Y llego hasta un feo sitio a donde entro y no sé por qué lo hice. 

– “¿Qué necesita?”, me pregunta un señor que lleva un viejo y sucio delantal.

Solo se me ocurre decir: “¿Me presta o alquila un baño?”.

– “Claro, Güey, vale cinco pesos y si quiere papel vale diez”. 

– “No, el de cinco”, le dije, con mucho disimulo, en medio del mundo de gente que allí había. 

Noté cual era la importancia de ese feo lugar. En ese sitio había unos viejos ‘loker’ en donde la gente que va a la embajada guarda sus pertenecías, igual a como cuando se va a entrar a una cárcel en Colombia. Me tocó ir al baño, salí y seguí por la misma acera. A los pocos metros me vuelvo a detener y me doy cuenta que estoy a la entrada de un negocio que se llama Bazar Caffe Pizza E Vino. Al frente de la embajada también. Y entro. 

A la entrada había una vaca como en fibra de vidrio, creo yo.  Y a los lados varias canecas viejas que se usaban para recoger leche. Todo eso hacía parte del decorado. Como también se podía apreciar  unos antiguos estantes, baúles y muebles que estaban en todas las esquinas del comedor que daba a la calle. Al fondo del negocio se veía un letrero: ‘Arteforo’. Y se divisaban algunas piezas de lo que se podría decir escultura. En esa área estaban los baños. Se podía apreciar que ese había sido un gran club, restaurante o bar… o las tres cosas. 

Eran las pasadas las 12:30 del mediodía del 29 de noviembre. Llega el mesero, tiene una escarapela que dice ‘Marco’, y me pregunta qué quiero. Hago un rápido recorrido con mi vista por el comedor y veo un escondido aviso que tiene dos XX. 

– “¿Tienes Dos XX Especial Lager?”.

Me responde que sí, descanso, y le pido una. No me podía faltar la caribeña frase: bien fría.

Entonces me entra una sospecha, que ese pudo haber sido el sitio ‘Cámelot’, al cual se refiere la Serie Narcos México, que funcionaba frente a la embajada de Estados Unidos en Guadalajara y en donde se encontraban todo tipo de operarios de la CIA, la DEA,  agentes corruptos de la tenebrosa Dirección Federal de Seguridad, DFS –Agencia parecida a la CIA pero mexicana-, los mismos norteamericanos ayudaron a montarla. Y a ese sitio no podían faltar reconocidos narcos que tenían ‘chapa’ de la DFS. Allí tuvo, me imagino, que nacer la alianza para permitir la entrada de cocaína de Colombia a México y luego a Estados Unidos, para financiar a la ‘Contra’ nicaragüense. Una ficha clave de esto fue Juan Ramón Matta Ballesteros, con su empresa de aviación Setco. A lo mejor estuvo en ese sitio. Estamos en manos de la imaginación. 

Y es que esta es mi ‘crónica’ enfermedad.

Imaginarme escenas, situaciones y diálogos de hechos que deben ser narrados. Por ejemplo, allí con esa cerveza en la mesa comencé a imaginarme lo que pasó aquel jueves 7 de febrero de 1985 cuando agentes de la DFS secuestraron al agente de la DEA, Enrique Camarena, a quien le decían ‘Kiki’. Como lo he escrito muchas veces, esta es una  de esas historias que uno hubiese o quiere escribir. 

Me pongo a mirar para la pared de la embajada de los Estados Unidos, donde hay decenas de personas haciendo la interminable fila por una visa al país que está más al norte.

Y hago lo mismo que hago cuando llego a sitios donde hay historia, buena o mala, cierro los ojos y empiezo a recrear todo lo que pudo haber ocurrido ese pasado mediodía del 7 de febrero de 1985, que ha sido contado por testigos o narrado por escritores o periodistas.

Empiezo a imaginarme cómo fue ese día de Enrique Camarena. Trabajando detrás de esos muros, que veo desde el Bazar. Llega el mediodía, su esposa lo llama a recordarle que no se le olvide que debe recogerla para ir a almorzar (En Guadalajara se almuerza después de las dos de la tarde, por lo general). Me imagino qué pensaba esa esposa cuando ve pasar las horas y su esposo ni llama.  

Enrique Camarena llevaba una agenda, eso lo recrearon en la serie de Netflix, pero es verdad, es una de las pruebas más contundentes de lo que se conoció como ‘Operación Leyenda’, que no fue otra que la de esclarecer –cueste lo que cueste- la desaparición, tortura y asesinato de este agente de la DEA.

Pero regresemos a esa agenda.

Quien habla de ella por primera vez, es el agente de la DEA que dirige la ‘Operación Leyenda’, Héctor Berrellez. Se lo cuenta al periodista JJ. Esquivel, que lo narra a su vez en su libro ‘La CIA, Camarena y Caro Quintero’.

Pero es el escritor Miguel Ángel Granados Chapa, quien en su libro ‘Buendía, el primer asesinato de la narcopolítica en México’, quien escribe que en la agenda del agente de la DEA, Enrique Camarena, aparece una cita con el periodista Manuel Buendía. Este, asesinado el 30 de mayo de 1984 en plena zona rosa de Ciudad de México.

Buendía, al parecer, tenía información de que la DFS cuidaba el famoso ‘Rancho Búfalo, en donde había más de 10 mil hectáreas sembradas de pura marihuna ‘sin semilla’. Esa misma investigación llevó a Camarena a ser torturado y asesinado, junto a su piloto.

Mientras estaba viajando con mi imaginación, no sé si estoy paranoico. Pero de un momento a otro, un tipo con una joven empiezan a hacerse videos que claramente me toman a mí. Yo simplemente me dedico a verlos fijamente a los ojos. Para que me filmen claramente. Luego se van.

Me tomo otra Dos XX, como para dármelas de valentón. Me paro y recorro todo el sitio adentro. Y siento que era en ese negocio, al frente de la embajada, en donde se reunía todo ese tipo de pelambre. Creo, que sin proponérmelo, yo estuve en el sitio en donde todos los agentes de la DEA, CIA, DFS se encontraban. 

¿Será que uno tiene momentos sublimes de sincronicidad? La respuesta se la dejo a la imaginación.

En ese mismo sitio comencé a escribir esta historia.

Pero no me quiero que se quede en este tema, mi intención con esta bitácora de viaje, es que no permitas que te pase lo que a mí con México, que me dejé llevar por unos pendejos prejuicios. Ni con ningún otro país o ciudad. No hay que ser millonario para viajar y conocer. Hay que ser es un planificador de viajes. En todos esos países hay hoteles y restaurantes de todos los precios. Que no te dé pena nada. Que los multimillonarios se bajen en las villas que tienen y tú donde puedes pagar. Yo hace muchos años me llegué a bajar en, no sé si se escribe así, pero así le decíamos: ‘Yuhostel’. Un cuarto donde estaban 5 tipos de distintas nacionalidades y un solo baño. La almohada era el morral de cada uno.

Propongámonos salir de esta ciudad una vez a la año o cada dos años o una vez en la vida. Pero salgamos.

Y olvidémonos de la palabra imposible. Todo es posible, pero sin competir con nadie. Solo hazlo por ti y los tuyos. No compitas por felicidad, porque la misma felicidad te castigará si lo haces. Y no te va a gustar.

Nuestras limitaciones no están en la falta de dinero, sino en nuestra cabeza, y allí está alojada nuestra mente. Esa es la peor pobreza, la mental. Sacúdete y disfruta todo. Si no puedes salir del país, sal de Montería, de Córdoba. Pero disfruta de algo. Espero no haberlos aburrido con esta larga narración.

Y Todo Está Bien!  

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