Corralejas de Cereté

Por: Antonio Sánchez Charry

Con sorpresa recibieron los cordobeses la propuesta que algunos dirigentes de cereté hicieron durante una reunión realizada hace algunos días, en donde participaron autoridades y empresarios dedicados a la organización de las fiestas de corralejas, en realizar tres o cuatro novilladas en lugar de la tradicional corraleja.

Por supuesto esta insólita propuesta causó la natural sorpresa en toda la ciudadanía, no solo de Cereté sino en todo los cordobeses amantes de la tradicional y ancestral fiesta. La gente se pregunta en donde se encuentra el coso, pues el único que hubo en Córdoba construido precisamente en Cereté por Don Miguel García Sánchez, desapareció por la falta de pertenencia de los dirigentes de aquel municipio.

De donde va a salir el alto costo que demanda traer de España, México y otros países los novilleros de cartel para dichas corridas. ¿Las cuadrillas y los toros de lidia? El pueblo está preparado para este cambio tan absurdo? Cuánto costaría en dólares cada corrida? Y todo esto es solo con el fin de acabar con las corralejas perseguidas en los últimos años por los enemigos del folclor, que las presentan como un barbarismo y que atenta contra la integridad de nuestros campesinos. Pero nada dicen de las tragedias ocasionadas por el uso de la pólvora en las fiestas de fin de año. En esta navidad 309 personas resultaron quemadas, algunas se encuentran hospitalizadas con graves heridas, en centros asistenciales de Bogotá.

La suspensión de las festividades de corralejas en los últimos años en Cereté se produjo porque la iglesia cristiana a la cual pertenece Francisco “Negro” Padilla, en ese momento alcalde, condena esta clase de celebración. No fue por otra cosa. Hay que destacar que el “Negro” Padilla fue un corralejero de tiempo completo, con manta en el hombro y banderitas bajo el brazo.

Las corralejas forman parte de la tradición de todos los pueblos de la costa y parte de Antioquia. Una costumbre ancestral que no puede borrarse de un escobazo, solo porque a dos o tres personas les incomoda ver a centenares de campesinos disfrutar de lo que más les gusta. Son más de doscientos años de tradición, es un grito delirante que se escapa de miles de gargantas y que recorre los más recónditos rincones del sentimiento costeño. La corraleja es “guapirreo” de garrocheros, diestros jinetes que lucen su destreza y arrojo frente a los fieros estados. El campesino sinuano recorre grandes distancias desafiando los malos caminos para llegar hasta el sitio de la corraleja, a ese epicentro folclórico tan íntimamente vinculado a sus tradiciones.

Para los enemigos de las corralejas esta tradición debe echarse al olvido por cuanto hemos dejado ya de ser pueblos y nos hemos convertido en ciudades. Esto significa que todas las tradiciones hay que dejarlas atrás, olvidar nuestras costumbres, sepultar nuestro folclor, en momentos en que todas ellas están siendo actualizadas con verdadero orgullo patrio. Al sinuano, principalmente, no se le puede cortar de un tajo sus tradiciones. Sinuanos y sabaneros viven con delirio sus corralejas.

El recuerdo de manteros, banderilleros, garrocheros, tumbadores de toros, etc., está vivo en el corazón de nuestro pueblo. Cómo olvidar a los maderitas (José y el Ñato), al negro “Buba”, al negro Rocha, Jaime Pinto, Jesús Salguero, Camilo López, entre otros que dejaron inolvidable huella en todas las corralejas de Córdoba, Sucre, Bolívar y Atlántico y a los garrocheros más famosos como Anselmo ORTIZ, Juan Osorio y diego Argel.

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