Cuando el odio se convierte en un negocio político, Qué vamos hacer con nuestros demonios

Por: Toño Sánchez Jr.

Hace algunos años vi una película donde el protagonista era Richard Gere, quien su personaje hacía de un policía, ya casi para la jubilación, que seguía persiguiendo a un temible asesino que nunca había podido capturar. En un momento el narrador de la historia, que es el mismo policía, dijo: “Cuando persigues monstruos tienes que tener el cuidado de no terminar pareciéndote o convirtiéndote en uno de ellos”.

Todos los del grupo guerrillero llamado Farc son unos despreciables monstruos. Desde 1997 que escribo columnas de opinión lo he manifestado y lo he plasmado en mis libros. Pero jamás quisiera terminar pareciéndome a ellos.

Que asesinaron, masacraron, violaron, secuestraron, traquetearon y extorsionaron, no hay duda. Asemejemos esto a una presunción de derecho, que no admite prueba en contrario. Entonces, qué nos diferencia de ellos.

Usted puede gritarles lo que quiera y hasta agredirlos cuando les lanza huevos, tomates o botellas de plástico llenas de cualquier líquido; pero al hacerlo, ¿qué lo diferencia de ellos?

Así empezaron ellos para finales de los años 40 del siglo pasado. Protestando contra el bipartidismo. Los liberales y conservadores montaron sus ‘esquemas de seguridad’, cada uno de ellos tenían sus ‘pájaros’, hoy podríamos decir sicarios. Y miren en todo lo que terminó.

Y si dejamos que estas protestas, algunas ya ‘dirigidas’ desde otros movimientos políticos, crezcan en violencia, vamos a terminar convirtiendo a los más despreciables victimarios en víctimas. Y eso sí que no lo podemos hacer ni permitir.

Ellos se ganaron el desprecio de millones de colombianos, castíguelos en las urnas, no vote por ellos. Ignorarlos es el mejor castigo político, digamos que es nuestro ‘reproche político’.

A mucha gente le da bronca, y tienen toda razón en tenerla, de que estén aspirando a la presidencia, pero se les olvida que quien permitió eso fue Juan Manuel Santos con su equipo negociador. Tú cuando estás en una negociación ¿qué haces? Negociar!

Un sencillo ejemplo. Estás vendiendo tu casa y una persona se sienta contigo a negociar. Esta viene y te ofrece una miseria por la casa. ¿Tú qué haces? ¿Te pones histérico o pierdes el control? O simplemente te paras y dices: No hay negocio. Y te vas.

Las Farc, igual, estaban en una negociación con Juan Manuel Santos. Pidieron, esperaron a ver, pero oh sorpresa, les dieron todo lo que exigían. Y este es el resultado.

Unido a esto los de las Farc se creyeron que fueron los Robin Hood del Siglo XX en Colombia, razón por la cual pensaron que cuando salieran a hacer proselitismo las multitudes saldrían a las calles a lanzarles claveles y bonches. Se les olvidó que lo que habían lanzado ellos a los pobres campesinos y demás colombianos eran cilindros de gas de 100 libras, sangre y muerte.

Los colombianos no vieron a ningunos Robin Hood, vieron fue: ¡Criminales!

Ante un panorama como este ¿qué le queda al ciudadano?

Yo creo que lo único que le queda, es ¡SER un buen ciudadano!

Y el fusil del buen ciudadano es el VOTO, para derrotarlos por siempre. A no ser que haya algunos que quieran convertirlos en héroes invitando a asesinarlos. Y de suceder algo así, entonces, ¿qué nos diferenciaría de ellos? ¡Nada!

Yo soy testigo, lo he escrito y lo he mostrado en mis programas de Semblanzas (Canal de You Tobe: Semblanzas con Toño Sánchez Jr.) de lo que hace el perdón y la reconciliación entre las verdaderas víctimas y los victimarios. Lo vi en los procesos de perdón y reconciliación que hubo entre los combatientes de las Autodefensas y las víctimas. Para poder creer lo que allí pasó, había que ser testigo, y yo lo fui. Allí se perdonó lo imperdonable.

Los colombianos tenemos que aprender a perdonarnos, a reconciliarnos. Y si no estamos preparados, entonces evitar convertirnos en los monstruos que son las personas que odiamos y despreciamos. Que nuestro máximo castigo sea el reproche social y político, más no la muerte.

Los ciudadanos tienen todo el derecho a hablar lo que quieran, a hacer lo que quieran, mientras sea legal. Pero nada se soluciona odiando.

Con todo afecto y respeto pregunto: ¿Qué se soluciona con el odio?

Hay una estrategia pendenciera del Caribe que reza: “Le dije hasta de qué iba a morir”. La cuestión es que para nosotros los del Caribe, ese decir, es suficiente. ¿Pero lo será para quienes están enfermos de odio y venganza?

Me da pena con muchas personas, pero hay gente aquí en Córdoba, que la guerrilla no les hizo nada, más bien los ayudó a enriquecerse, pero hoy son los adalides del odio. Los escuchas y son cipote de ‘conferencistas’ del odio. Y muchas de esas personas no hacen nada por las víctimas. No les dan trabajo, no les dan oportunidades, no les dan esperanza.

Pero al igual que en la guerra de Colombia, que eran los hijos de la gente más pobre la se iba para el Ejército a enfrentar la guerrilla, hoy siguen siendo los más pobres los que salen hacerle los mandados de odios a esos adalides del odio. Ya en Montería tenían contratados a todos los muchachos del barrio Cantaclaro y a todos los jóvenes que se ubican a la orilla del río Sinú a la altura del barrio Sucre a consumir drogas, para que fueran a atacar a los de las Farc. Yo pregunto, por qué no dan la cara para ser ellos mismos los que reclaman.

Yo creo que la honorabilidad consiste precisamente en eso, en que si los demás no son honorables nosotros sí lo vamos a ser.

Piensen por un momento que a Timochenko lo maten en Córdoba. Les aseguro que ningún cordobés lo hará, pero de otras partes del país pueden mandar a los sicarios para que el crimen quede en manos de cordobeses. Ese Timochenko podrá merecerse 100 formas terribles de muerte, pero en ninguna quiero tener las manos sucias con su sangre ni ver las de ningún cordobés.

Tenemos que aprender a protestar sin agresiones. A solucionar nuestros problemas sin agredirnos. Y porque no a vencer el mal con el bien. A ser parte de la solución y no del problema.

Usted fusila hoy a toda la cúpula de las Farc y nada se solucionará, porque los verdaderos responsables de nuestros males están enquistados en el poder central, allá en Bogotá. Ellos son los que se repartieron este país y se lo robaron, dejando solo un gran manto de desigualdad e iniquidad en los colombianos, que le dio nacimiento a las más aberrantes formas de violencia.

El verdadero responsable de que este país esté cargado de odios y venganzas es el Estado en cabeza de Juan Manuel Santos, que hizo que su proceso de negociación con las Farc fuera un premio a la impunidad y un premio nobel para él.

Yo invito a los cordobeses a que desprecien la desigualdad, la inequidad, la corrupción, el narcotráfico, el lavado de activos, el desempleo, la pobreza y el miedo.

Por mi parte, yo tomo la decisión de que ningún Timochenko, de los muchos que tiene este país, me arruine el día y mi vida. Más bien yo decido poner a Córdoba y a todos los cordobeses en manos de Dios.

Y quienes quieran cuestionar esta COLUMNA DE OPINIÓN háganlo al estilo buen ciudadano, no al estilo Timochenko.

@Tonsanjr

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