Desde cuándo hay que pedirle permiso a los del Canal Caracol para un bautismo

Por: Toño Sánchez Jr.

Antes de empezar a pichar, palabra que no tiene el mismo significado para los perversos cachacos de Bogotá, quiero dejar en claro que soy pecador y estoy lleno de defectos. Lo escribo para que lo sepan los moralistas del interior, ya que cada vez que alguien sale a controvertirlos se ponen a escarbar en la vida de quien tenga tal osadía, para desacreditarlo y acabarlo.

Los puedo ayudar recordándoles que firmé el mal llamado ‘pacto de Ralito’, fui amigo de Carlos Castaño, me he sentado con los más poderosos narcotraficantes de Colombia, me gusta el Tequila y el Sello Negro, me he separado, el domingo pasado le reclamé a mi papá que porqué dejaba el arroz de camarón tan mojado y antes de ayer discutí con mi mamá por andar diciendo que estaba enferma… Ahhh… y tengo lujuriosos pensamientos. Si quieren saber con qué y con quién tendríamos que hacer una cita íntima.

Escribo todo lo anterior para que se dejen de estar pidiéndole a sus calanchines de Montería que encuentren ‘algo’ para caerme.

Ahora sí vamos a pichar de frente.

No me une nada a los Besaile. Ni les debo nada ni ellos me deben nada.

A Johnny Besaile lo conocí por allá en 1997 cuando fui Jefe de Prensa de la campaña de Zulema Jattin. De allí en adelante me lo he cruzado en el aeropuerto de Montería y Bogotá. En tiempo, hemos podido hablar, desde 1997 a 2019, unos 20 minutos en total.

A Musa Besaile lo conocí por allá en 1998. Lo mismo, me lo tropezaba en esos aeropuertos y una que otra vez en los pasillos del Congreso de la República. Una vez escribí una dura columna de opinión en contra de él, por haberse referido a mí en términos despectivos en una reunión en la Casa de Nariño cuando Álvaro Uribe era Presidente. 

Para documentar un trabajo que estoy preparando me ha tocado ir mucho a la cárcel ‘La Picota’ a entrevistar a varios internos. Luego de terminar la jornada de entrevistas, paso por el llamado ERE SUR, que es el pabellón en donde están los de la llamada ‘parapolítica’. Un día fui a visitarlos y Bernardo Elías Vidal me dice: “Aquí está Musita, no quieres saludarlo”. Yo titubeo, pero pensé: <estos son momentos en los que cualquier diferencia debe hacerse a un lado, es un momento para la solidaridad>.

Y pasé a saludarlo. Cuando abrió la puerta, jamás en su vida se le ocurrió que me iba a ver allí. Le extendí la mano, me dio la suya, me la soltó y me dio un largo abrazo. Allí supe lo duro que era para esta persona su situación.

Regresé varias veces a esta cárcel y los saludaba a todos.

Con Musa he podido, en tiempo, hablar con él como 4 horas desde 1998 a 2019.

Con Edwin Besaile, mucho más, por su condición de Gobernador de Córdoba en su momento. Fue un par de veces a Montería Radio 38 Grados y yo fui a entrevistarlo varias veces a su despacho. En campaña un día me dijo que quería conocer a mi padre, Toño Sánchez Charry, y lo llevé. En tiempo, con Edwin he podido hablar desde que lo conocí en 2016 unas cinco horas o un poco más en tiempo.

Todo esto lo escribo para mostrarles que no tengo la mayor relación personal o profesional con estos políticos.

Pero ello no me impide salir a en defensa de Edwin Besaile por la canallada e infamia cometida en su contra por el canal Caracol Noticias (TV) el domingo pasado, cuando se le vino encima por haber celebrado el bautismo de su hijo, y con ‘Poncho’ Zuleta.

¿Desde cuándo hay que pedirle permiso a los miserables del Caracol Noticias para celebrar un bautismo y para contratar a una agrupación musical? 

Para este periodismo del ‘interior’ lo privado y lo íntimo no existe. Solo respetan lo privado y lo íntimo de sus amos y los cercanos de sus amos.

Esto que voy a decir hace parte de la vida privada de Edwin Besaile, pero por lo sucedido se vuelve público. En todo Córdoba se supo, de todos los esfuerzos que hizo él y su esposa Rosana Zuleta por tener un hijo. Todos sabían del sufrimiento y dolor de su esposa cada vez que no podía quedar embarazada. Hasta que por fin pudo quedar y llevar a feliz término el embarazo. Fue considerado como un verdadero milagro. La felicidad en ese hogar era desbordante.

Es más, esta si es una inferencia mía, creo que ese hijo para Edwin Besaile ha sido el suave bálsamo que lo ha ayudado a pasar por todo lo que le ha pasado en la Gobernación de Córdoba.

¿Y quién no celebra con todo, el bautismo de un hijo tan buscado y esperado?

Yo me imagino que quienes no lo harían serían los resentidos y los envidiosos, en especial los de Caracol Noticias.

Un comentario al margen. A ‘Poncho’ Zuleta lo único que le falta es quitarse su segundo apellido, Díaz, por el de Besaile. Son amigos y ‘llave’ desde hace muchos años. ¿Por qué son amigos? No sé ni me interesa. A lo mejor porque a ‘Poncho’ le gusta ser amigo de los poderosos y ricos de Colombia. Como a muchos terrenales les gusta ser amigo del cantante famoso.

Sigamos.

Así, Edwin Besaile no estuviera suspendido como Gobernador de Córdoba, tenía todo el derecho de celebrar el bautismo de su hijo. Si Caracol Noticias (TV) tiene pruebas de que a ‘Poncho’ Zuleta, al restaurante árabe y a la diseñadora del vestido de Rosana Zuleta lo pagaron con plata de la Gobernación, entonces tienen, léase bien, tienen, que demostrarlo. Y eso no lo hicieron.

Este periodismo infame de los cachacos tiene que acabarse.

Yo quiero decirle, hoy Día del Periodismo, 9 de febrero de 2019, a todos mis respetados lectores, que esto que hacen desde Bogotá no es verdadero periodismo. Esto no fue lo que me enseñaron a mí en una Escuela de Periodismo en Bogotá. Este es un periodismo de infamia, de desquite, de venganza, de estigmatización, de etiquetamiento, un vulgar e irrespetuoso periodismo.

Pero para mostrar la doble moral de ese mismo periodismo y canal vamos a recordar dos hechos, y en uno de ellos está el mismo ‘Poncho’ Zuleta.

1994. Terminaba lo que llamaban el ‘kinder’ de César Gaviria Trujillo. No sé por qué le decían el ‘kinder’, a lo mejor por lo pervertidos que eran, pero estas son imaginaciones mías. O a lo mejor por lo ‘tiernos’ que estaban.

Bueno, este ‘kinder’. cogió el avión presidencial para traer a ‘Poncho’ Zuleta desde Valledupar. Y por qué querían a ‘Poncho’, no sé, a lo mejor alguno del ‘kinder’ lo vio ‘miando’. Discúlpenme, pero es que yo soy callejero. Todo lo tenían calladito, hasta que un columnista (A lo mejor no fue invitado) se atrevió a decirlo. Todos los medios ‘ignoraron’ el escándalo. ¿Y saben lo que hicieron los del ‘kinder’? Armaron lo que llaman ellos una ‘vaca’, una recolecta, para pagar el combustible del avión. Y allí sí salieron los medios del interior a alabar el ‘gesto’. Pero el delito de prevaricato ya estaba cometido. Pero como la corrupción en Colombia es selectiva, en el sentido que los de Bogotá no cometen actos de corrupción, no pasó nada. 

El otro caso. También 1994. A la campaña de Ernesto Samper Pizano entran seis millones de dólares de los narcotraficantes de Cali, Cartel de Cali y Norte del Valle. Todo esto para la segunda vuelta presidencial. Mucho de ese dinero se fue para pauta publicitaria a los medios del interior del país, a los canales privados.

¿Por qué los súper honestos del canal Caracol Noticias no devolvieron esos dineros por pauta publicitaria recibidos de la campaña de Ernesto Samper Pizano? ¿Saben lo que hicieron? Se convirtieron en el fiel escudero de Samper. Y ustedes saben que en Colombia, ser escudero fiel de un Presidente, no es gratis. Fue la época en que a periodistas les dieron emisoras, notarias y embajadas a familiares. Pero esto no es corrupción, ¿verdad? Aquí toditos esos cachacos periodistas y canales se taparon con la misma cobija.

Esto que hizo Caracol Noticias (TV) con el bautismo del hijo de Edwin Besaile fue una canallada, bellacada, una vulgar y ruin infamia. Y eso no es periodismo. Una cosa es investigar a los Besaile por su actuar en política, pero cosa bien distinta es irrumpir en su intimidad y vida privada para burlarse e irrespetarlos.

Ahora andan averiguando por mí: “Qué tienen de ese Toño Sánchez”. Eso solo demuestra lo que escribí más arriba, que es un periodismo de cacería, de persecución, de desquite… un despreciable periodismo como lo son ellos y ellas mismas.

De mí pueden decir lo que quieran, ya estoy acostumbrado. Además que lo que digan de mí no es lo que me define. A mí lo único que me importa y define es lo que yo pienso de mí mismo y mis convicciones. Y menos, me va a definir lo que resentidos y resentidas digan de mí. Pero lo que jamás voy a aceptar es que desde Bogotá, un asquiento periodismo, venga a envenenar de odio y resentimiento a la gente buena de Córdoba, que es casi toda esta población.

Mientras este en pie, defenderé a Córdoba y a los cordobeses, sean buenos o malos. Porque estos últimos también tienen sus derechos. Y yo no soy nadie para lapidar, guillotinar o condenar.

Yo creí haber conocido a todos los miserables del periodismo bogotano, pero qué equivocado estaba.

Y hoy Día del Periodismo en Colombia, para mí, solo para mí, no hay nada que celebrar.

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