Editorial | Mucho uribismo y poco Centro Democrático.

Por: Gustavo Santiago

Podrá tener defectos y hasta una buena parte del país no comulga con sus posiciones, pero no podemos negar que es uno de los personajes influenciadores de opinión en el territorio nacional.

Y no solo por haber sido expresidente y mantenerse vigente en el escenario legislativo de Colombia, sino por su forma particular de trabajar, hacer política constante.

Álvaro Uribe Vélez, que desprende odios y pasiones en sectores ciudadanos del país, ha liderado el partido donde todos sus militantes se declaran ‘uribistas’, es decir, su identificación no es Centro Democrático, sino seguidores acérrimos del dirigente político.

Eso es lo que se está observando en el país y Córdoba no escapa a ello. Todos sus militantes se declaran ‘uribistas’, pero a la hora de ser compactos y cerrar unidad de criterios frente al partido Centro Democrático, las cosas toman otro rumbo.

Si Uribe es el candidato, avasalla, si Uribe es el que convoca, llena plazas, es decir consolida unanimidad a su alrededor, pero cuando se trata de escoger candidatos como por ejemplo, a la Gobernación de Córdoba, el partido se divide, pero el espíritu ‘uribista’ se mantiene.

Eso se traduce en que hay un fervor por el uribismo, que sienten la necesidad de ganar poder regional y local, pero cuando se trata de unificar el partido alrededor de ello se quiebran anteponiendo interés por nombres y no por la ideología de la colectividad.

Si los jefes no definen reglas de escogencia y los candidatos no se comprometen a aceptarlas, el partido no podrá fortalecerse en Córdoba.
Para fines nacionales y asumir posiciones de ataque de sus contradictores y defensa de sus líderes, el uribismo brota a flor de piel y las redes sociales explotan y en pocos minutos son tendencia. Sin embargo, cuando se trata de decisiones políticas locales, todos dicen ser ‘uribistas’ pero atentan contra el partido, cuyo apellido “democrático” es solo eso, el segundo nombre del movimiento y se apartan de su significado.

La decisión de escoger un candidato propio a la Gobernación de Córdoba es un claro ejemplo y con serios errores.

Por decisión autónoma del senador Álvaro Uribe y por sugerencias de su primer anillo de confianza político en la región, abre el naipe de postulaciones para ese cargo regional, pero no fijó las reglas de juego para su designación.

Lo único que manifiesta es que fuese transparente, honesto, con vocación de servicio, requisitos obvios para cualquier candidato, porque con antecedentes y condenas estuviese inhabilitado. Esa es una responsabilidad del partido y debe aplicarla con toda severidad, y si aceptan los postulados como precandidatos es porque reúnen esas cualidades.

Eso permitió que todos pudieran entrar y cuando quiere inclinar la balanza genera molestias internas en otros sectores, también con intereses en personas y no en el partido.

Los mismos militantes son conscientes de ello, pocos se atreven a reclamar, algunos osados lo hicieron público, porque consideraron que antes de abrir las postulaciones debió dejar las reglas de juego claras y todo aquel que quisiera aspirar a ser avalado como candidato debe someterse a ellas y acatarlas.

Aquí se hizo lo contrario, invitaron a postulaciones y en desarrollo de esa competencia interna empezaron las objeciones por no tener claro los pasos de escogencia, reglamento que aún no tienen y que esperan revelar en próximos días.

“Yo soy uribista, pero en esta no lo acompaño”, es la exclamación de quienes se refieren a que si avalan a X o Y persona como candidato a la Gobernación por Centro Democrático. Otros lo harán a regañadientes y otros porque toca por el que diga Uribe.

Pero también hay antecedentes recientes de líderes y militantes del partido encaminar votos por otros candidatos, desconociendo orientaciones del partido por revanchismos y peleas políticas internas, en donde Uribe saca el cuerpo y le deja el ‘chicharrón’ a la dirección departamental de Centro Democrático.

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