Hoy no hay nada que celebrar

Por: Toño Sánchez Jr.

Soy de la escuela que el Día del Periodista es el 9 de febrero y no otro. Cuando estudiaba periodismo y los profesores nos entusiasmaban a ser los próximos Bob Woodward y Carl Bernstein, Ben Bradlee o Mike Wallace; y a las muchachas a ser las Oriana Fallaci, Diane Sawyer o Bárbara Walter, sentíamos que el periodismo era lo único que podía cambiar y salvar a Colombia para bien. Que nosotros seríamos esa generación. Pero ha pasado el tiempo y lo que ha ocurrido en los últimos años me lleva a la conclusión de que así como los tres poderes públicos tienen una deuda impagable con los colombianos; los que se autodenominan ‘el cuarto poder’ también están muy endeudados con los ciudadanos de esta nación.

No puedo desconocer los grandes esfuerzos, que en los años ochenta del pasado siglo, hicieron muchos periodistas por sacar adelante al Periodismo Investigativo. Recuerdo a Germán Castro Caycedo, Alberto Donadío, Gerardo Reyes y Daniel Samper Pizano. Eran los periodistas a admirar y a seguir. Pero pasaron los años y solo quedaron como un gran recuerdo de una gran época del periodismo de investigación.

Todo eso se acabó cuando los poderosos, que siempre habían estado del lado de los políticos y presidentes pero de manera discreta, decidieron hacerse dueños de los medios de comunicación, con lo que comenzó un contubernio que volvió ‘selectivo’ al periodismo y a la información.

Los periodistas en las salas de redacción dejaron de tener como guía al jefe de redacción, ahora quien les daba las pautas para informar eran los corporativos, los dueños del medio. Son los ‘ejecutivos’ los que dicen hoy con qué noticia se abre y qué se investigaba. Hoy todos los directores de medios niegan esto, pero es solo leer, ver u oír una semana a uno de estos poderosos medios del ‘interior’ para constatar que sí tienen temas vedados. Y cuando ya les toca decir algo, lo hacen de tal manera que parecen un neurocirujano haciendo un delicadísimo procedimiento en el cerebro de una persona.

Las grades investigaciones contra el poder del Estado ya no se ven casi. A no ser que algún alto funcionario haya caído en desgracia, por lo que es tirado a los lobos, para que su destrucción salve a otros.

Los últimos presidentes descubrieron que la pauta oficial era más que una manera de dar a conocer los programas del Gobierno. Decidieron convertirla en una moneda de cambio. Entonces los medios del ‘interior’ se inventaron un poco de nombres para adornar como noticia lo que en realidad era propaganda oficial, los llamaron ‘publireportajes’, ‘free press’, ‘noticias agradables’, Responsabilidad Social y otros sugestivos nombres.

La publicidad oficial se centralizó como está centralizado el país. Quien no ‘caminaba’ con el presidente de turno le quitaban toda la pauta oficial.

Se llegó a casos en medios regionales, que no estaban con el gobernante de turno y que no tenían pauta oficial, a llamar desde el alto gobierno a los pocos anunciantes privados que tenía el medio y decirles, muy sutilmente, que el Gobierno no veía con buenos ojos que estuvieran dándole pauta comercial a un medio que estaba atacando al gobierno. Y me imagino que le recordaban a los dueños de la empresa quiénes eran los que vigilaban su actividad.

Hoy los grandes medios de comunicación del ‘interior’ se sostienen en gran medida por la pauta publicitaria oficial. La cantidad de billones de pesos que gasta el Estado en publicidad es uno de los secretos mejor guardados de los presidentes.

Así como la justicia está politizada lo está la noticia, la información. Hoy los medios parecen una cuadrilla de vengadores y de cobradores de cuentas políticas. Comandados desde una residencia en el centro de Bogotá, que llaman ‘Casa de Nariño’.

Así como el inquilino de esa casa se inventó en el Gobierno de Andrés Pastrana los ‘cupos indicativos’, igual inventaron unos para los medios de comunicación de Bogotá: ‘los cupos de publicidad oficial’.

El periodismo fue concebido para defender al ciudadano de un monstruo que se llama poder. Pero hoy todo indica que el poder se alió a los medios de comunicación, por lo cual la búsqueda de la verdad se convirtió en ‘selectiva’. Y así como un Poder Judicial ‘selectivo’ acaba con una democracia, una prensa ‘selectiva’ acaba con el respeto del ciudadano por todo lo público. Esto último se manifiesta en el desprecio de la gente por la política, por los políticos y por lo público.

Y si a todo esto unimos que cualquiera que tenga una conexión a wi-fi se las da de periodista, el panorama es más desolador.

Dicen los autores Bill Kovach y Tom Rosentiel que “la tecnología ha hecho saltar por los aires la definición de periodismo, de manera que cualquier cosa puede pasar ahora por periodismo”.

Aunque para Jack Fuller, presidente del grupo de publicaciones Tribune, empresa editora del Chicago Tribune, y citado por los mismos autores: “El propósito principal del periodismo es decir la verdad para que la gente tenga la información que necesita para poder ser soberana”. Pero esto es lo que se ha perdido en Colombia. La información pareciera que está para joder a un enemigo o futuro adversario, más no para contar la verdad a los ciudadanos.

Se ha dicho que la noción de libertad de prensa se basa en la independencia, pero hoy pareciera que esa independencia fue secuestrada por los gobernantes de turno, con el beneplácito de los dueños de los grandes medios de comunicación, que se han convertido en ‘socios’ del poder político.

Quiero terminar recordando lo que dijo John Dewey sobre la democracia: “Su propósito real es la libertad del hombre. Los problemas de la democracia no se solucionan renunciando a ella, sino tratando de mejorar la acción de la prensa y la educación del ciudadano”.

Es triste ver cómo crece la desconfianza del ciudadano en el periodismo, al punto de que llega al desprecio y al odio. Y el fanatismo de la gente por los políticos agrava todos estos sentimientos.

Yo simplemente en un día llamado el ‘Día del Periodista’ lo único que puedo decir es: excúsenme. Ofrezco disculpas por no haber estado a la altura de nuestra responsabilidad. Pero seguiremos luchando y trabajando por ganarnos el respeto de quienes nos ven, leen u oyen.

Esto no se ha acabado todavía. Y cada día que Dios nos regal, es una nueva oportunidad para ser mejor… principalmente… mejor periodista… mejor escritor… mejor persona.

@Tonsanjr

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