“Me quiero morir”

Por: Toño Sánchez Jr.

Ya empezaba a caer la tarde en Chinú, de aquel martes 10 de octubre de 2000, cuando la señora Beatriz Lucía del Carmen García, quien no podía ocultar su dolor y tristeza, pidió que fueran a buscar a ‘Mincho’ al consultorio, que estaba a una cuadra de su casa.

Mientras tanto, su hijo Óscar ya había salido corriendo a buscar a su hermano gemelo, Ramiro, a la residencia de la suegra de este último. Al verlo, le dijo sin preámbulo alguno: “Vamos pa’ la casa, para que me ayudes a aguantar a mi papá, que Miguel Alberto se acaba de morir”.

Para el doctor Mincho no era nada extraño que su esposa lo mandara a buscar por las tardes al consultorio, para que se fuera para la casa y se sentara junto a ella en un mecedor. Al llegar, ya estaban allí sus hijos Ramiro y Óscar, quienes lo ayudaron a sentarse en el mecedor. Ya se veía a muchos vecinos caminar hacia la casa, por lo que le dijeron: “Papá, Miguel Alberto, se acaba de morir”. El médico, se llevó su mano derecha abierta a la cara y se golpeó la frente, y gritó: “Me quiero morir”. Y no habló más por muchas horas.

Amín Miguel Nassiff David fue uno de esos pocos patriarcas y prohombres que han tenido nuestras tierras. Casi nadie lo llamó por su nombre o apellido, toda la comunidad se refirió siempre a él como el Doctor Mincho. Hijo de inmigrantes sirio-libaneses que llegaron a Chinú, Córdoba, y allí se establecieron. Su padre, Salomón Nassiff, murió estando muy joven Amín Miguel, por lo que en medio de muchas vicisitudes fueron sus hermanas mayores quienes lo ayudaron a que estudiara. En esas épocas los colegios de la región solo llegaban hasta 4º bachillerato, por lo que se tuvo que ir para Vélez, Santander, a terminar. Allá decidió estudiar Farmacia, pero su sueño era ser Médico. Y logró hacerlo realidad tiempo después en la Universidad de Cartagena.

Se regresó a Chinú y ejerció allí como Médico – Cirujano por más de 40 años. Puso su vida al servicio de su pueblo. Ayudó a poner la primera piedra, junto a su colega el Doctor César Castillo, de lo que hoy es el Hospital San Rafael de Chinú. Montó la primera farmacia. Fue el gestor del primer teatro que tuvo Chinú, el Teatro Diana. Se casó con Beatriz Lucía del Carmen García Sierra. Su primer hijo trajo más alegría a su hogar, Miguel Alberto Nassiff García. Después vinieron los gemelos, Ramiro y Óscar, y por último su hija Beatriz Fernanda del Carmen.
Al médico Amín Miguel Nassiff David lo enterraron el 31 de mayo de 2005, a los 84 años de edad, pero realmente se murió aquella tarde del 10 de octubre del año 2000, al igual que gran parte de toda esa familia, cuando escuchó que su hijo Miguel había muerto a manos de los asesinos del Ejército de Liberación Nacional, ELN, quienes después de haberlo secuestrado, y torturado con largas caminatas, lo dejaron tirado para que se muriera, como sucedió tres días después de haber sido encontrado abandonado en un paraje selvático del suroccidente de Colombia.

Miguel Alberto Nassiff García estudió también medicina como su padre y se especializó en cardiología en Buenos Aires, Argentina. Se decidió por esta especialidad al ver como sufrió su padre por problemas del corazón. Al regresar a Colombia se radicó en la ciudad de Cali.

A los 35 años todo iba bien para el cardiólogo Miguel Alberto Nassiff García, sabía que no había decepcionado a su padre y le complacía hacerlo sentir orgulloso, no solo a él, sino al resto de la familia y a todos los de su tierra. Lo mismo que a su esposa, Amelia Cabrales, y sus dos pequeñas hijas.

Hasta que llegó ese terrible domingo 17 de septiembre de 2000.

Para ese tiempo era una costumbre que personas de Cali, de todos los Estratos, –lamento usar esta palabra, pero desgraciadamente este excluyente Estado lo hizo así- fueran a almorzar a una zona de restaurantes típicos ubicados en el kilómetro 18, en la vía a Buenaventura o vía al mar como se le conoce también.

El cardiólogo Miguel Alberto Nassiff García ya había almorzado, pero unos colegas que estaban por Cali lo llamaron por la tarde a que los acompañara al club a almorzar. Al llegar notaron que el lugar estaba abarrotado y decidieron ir al kilómetro 18. Eran como las 4 de la tarde cuando llegaron al restaurante La Cabaña.

A eso de las 5 de la tarde, o poco antes, los ‘Elenos’ de civil podrían precisar mejor la hora, llegaron unos hombres uniformados y enfusilados que se hicieron pasar por soldados del Ejército Nacional, pero en realidad era una cuadrilla de guerrilleros del ELN, que llegaron a secuestrarlos.

Con este secuestro masivo del ELN, violatorio de todo tipo de derechos, comienza el sufrimiento para más de 50 personas, incluidas sus familias, que fueron allí secuestradas. Ya el ELN había cometido otro secuestro masivo, el de la iglesia La María de Cali.

A los 21 días del secuestro, luego de extensas e inhumanas caminatas, Miguel Alberto Nassiff García, cae a un precipicio y queda con múltiples y graves heridas en su zona inguinal, que unidas al maltrato físico de los guerrilleros del ELN hacen imposible que siga caminando. El médico ya había perdido más de 20 kilos, situación que lo ponía en una condición de incapacidad extrema.

Los compañeros de secuestro ruegan a los comandantes del ELN para que lo dejen en libertad, pero esto llenaba de más saña a los guerrilleros en contra del médico Nassiff, por lo que obligaban a seguir caminando. Cuando este no podía, lo empujaban y pateaban, así fue relatado por testigos que tiempo después fueron liberados.

Pero llega un momento en que el cardiólogo Miguel Alberto Nassiff no puede más y se desploma. Esta vez las patadas y los maltratos no sirvieron. Lo que obligó a los guerrilleros Francisco Galán Bermúdez Sánchez y Carlos Arturo Velandia Jagua –Hoy ‘Gestores de Paz’ del gobierno Juan Manuel Santos- a tomar la decisión de dejar tirado a su suerte al médico secuestrado, sin respeto alguno por las más mínimas normas del DIH o de los Derechos Humanos.

Dos días después, el cardiólogo es encontrado moribundo por tropas del Ejército Nacional y trasladado de urgencia a una clínica de Cali, pero los inagotables esfuerzos de sus colegas no alcanzó para salvarle la vida. Al igual que su padre, el doctor Mincho, Miguel Alberto no murió el 10 de octubre, sino que comenzó a morir desde la tarde del 17 de septiembre de 2000, cuando los guerrilleros del ELN lo secuestraron, y torturaron obligándolo a caminar cuando estaba gravemente herido, y después lo dejaron como una piltrafa tirado en unos farallones de Jamundí, Valle del Cauca.

Hoy, 17 años después, desde una revista capitalina se monta toda una estrategia para desacreditar y atacar a Ramiro Nassiff García, hermano del médico asesinado por los guerrilleros del ELN.

No hay que olvidar que el mayor logro de la izquierda en Colombia ha sido especializarse en deshonrar, difamar, denigrar y vilipendiar a quienes escogen como sus enemigos, en especial aquellos que se han atrevido a mostrar al mundo sus más despreciables acciones. Como siempre lo ha hecho Ramiro Nassiff con el cruel asesinato de su hermano, el cardiólogo Miguel Alberto Nassiff García.

Ramiro Nassiff fue Procurador Regional de Córdoba desde octubre de 2010 hasta julio de 2012. Hasta la fecha no se le conoce ninguna condena ni investigación por el desempeño de su cargo. Es más, es conocido por ser un profesional honesto y decente.

Perversamente la revista lo pone como si hubiese estado en el cargo para respaldar la reelección de Alejandro Ordoñez, pero Nassiff salió de la Procuraduría seis meses antes de la reelección de Ordoñez.

Desde este medio del interior lo tratan de poner como responsable por no haber investigado a una fundación que contrató con el ICBF, pero extrañamente ocultan que la Procuraduría sí investigó y no se encontró que esas fundaciones contrataran con el ICBF en Córdoba, la funcionaria Vilma Lacombe condujo la investigación con la Procuraduría de Bogotá.

Hoy este abogado de Chinú es una de las pocas personas que en Colombia conoce y maneja muy bien todo lo que tiene que ver con el Sistema Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres. Espero que este conocimiento no sea motivo para que ahora los ‘Elenos’ de civil lo sigan persiguiendo.

Todo indica que el artículo de la revista capitalina es una factura de cobro que le pasan a Ramiro Nassiff García por tener el atrevimiento de abanderar que el asesinato de su hermano, por los guerrilleros del ELN, fuese declarado crimen de Lesa Humanidad, lo que le complica la vida a los ‘gestores de paz’ nombrados por Juan Manuel Santos y que pertenecen al grupo terrorista y guerrillero del ELN: Francisco Galán Bermúdez Sánchez y Carlos Arturo Velandia Jagua.

A quienes el Gobierno Nacional busca por todos los medios que se les quite el haber sido declarados sus delitos como crimen de Lesa Humanidad. Y para el mundo entero el asesinato de Miguel Alberto Nassiff García no tiene una connotación diferente.

Sería la infamia más grande de este país que la Corte Suprema de Justicia, por orden del presidente Santos y su séquito, reviertan esta condena. Sería revictimizar a todas las víctimas de los asesinos del ELN.

No hay duda de que hay gente agazapada en fundaciones que dicen trabajar por los derechos Humanos y por la paz, pero en realidad son frentes de ‘defensa técnica mediática’ de grupos guerrilleros, como en este caso de los asesinos del ELN, que acabaron con la familia Nassiff García.

Aún retumba en los oídos de los asistentes al funeral del cardiólogo Miguel Alberto Nassiff García las palabras de uno de los asistentes: “Qué daño tan grande le hizo esa gente del ELN a esta familia y a Córdoba”.

Pero todo indica que esta lapidaria frase no se ha completado del todo, parece que los ‘Elenos’ de civil se van a encargar de acabar con lo que queda de esta familia. Ya comenzaron con quien se atrevió a buscar que declararan este asesinato como crimen de Lesa Humanidad. Y continuarán contra todo aquel que se les interponga en el nuevo sendero de la impunidad. No hay duda que esta gente sí que sabe combinar todas las formas de lucha.

@Tonsanjr

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