Montería en sus primeros años

Por: Antonio Sánchez Charry

El abogado y escritor monteriano, Joaquín Berrocal Hoyos, cuenta en su obra “La Colonización de Córdoba”, que entre los siglos 16 y 17 llegaron a la región del Sinú las primeras familias blancas que se establecieron en esta zona, conservando sus características étnicas. Los apellidos de estos pobladores sólo fueron comunes en la región, tales como Berrocal, Anaya, Sánchez, Ramos, Pineda, Grandett, Martínez, Vega, Gulfo, Burgos, Espinosa, Milanés, etc.

Entre los pobladores se destacaron Ramón, Carlos y Luis Berrocal Negrete, Eusebio Pineda, Lázaro María Pérez, Lilí Méndez, Andrés Ramos, los hermanos Elías y Rodolfo Sánchez, que contribuyeron al desarrollo de la región sinuana, fundando grandes haciendas y convirtiéndose en pioneros de la ganadería.

También existieron en el Sinú apellidos sirio-libaneses como Salleg, Sofán, Jattin, Ganen, Haddad, Jaller, Bechara, Aruachán, Flórez, Barguil, Hawasly, Manzur, que fijaron su residencia en Montería, Cereté y Lorica, dedicándose a actividades comerciales.

Para el año 1784 Montería contaba con un censo de 427 habitantes y era gobernada por un Alguacil. Ese mismo año fue erigida como Parroquia, ejerciendo como primer sacerdote Juan José Fabra. Para 1807 José de la Cruz Gómez es designado como primer alcalde, el cual meses después, sin que se conozcan las causas, fue fusilado por órden de las autoridades españolas.

En el año 1815 asume como alcalde de primer grado, Don Tomás de la Cruz Negrete, ciudadano monteriano, designado por la corona española. Le da posesión el Capitán Julián Bayer, delegado especial de las autoridades de España.

Algunos historiadores en sus investigaciones adelantadas sobre los moradores de la región del Sinú aseveran que al momento de la llegada a las tierras del Sinú de Antonio de la torre y Miranda, con el propósito de fundar a Montería, ya en esta región se hallaban establecidas las familias Berrocal y Negrete, procedentes de España.

En toda la región del Sinú predominó la raza blanca. Esto se debió a que los indígenas Cunas, que residían a orillas del mar caribe, frenaron el avance de las ordas de negros africanos que huían de Cartagena. Con motivo del alzamiento de los pobladores de Cartagena, enfrentados a las autoridades españolas, centenares de esclavos negros huyeron en canoas hacia el sur, arribando a lo que hoy es el municipio de San Antero. Sin ninguna clase de armas tuvieron que enfrentar a los belicos indígenas cunas, que no les permitieron su avance por el Sinú, río arriba.

Los primeros políticos importantes que tuvo el Sinú fueron Francisco Burgos Rubio, Ignacio y Prisciliano Cabrales y Diego Martínez Camargo.

A principios del siglo pasado, cuando en Montería no se conocía la luz eléctrica, desde que comenzaba a caer la noche, el único policía que tenía la población, y que era conocido como “Ciripia”, recorría las calles instando al vecindario a poner en las puertas de sus casas la tradicional lampara de gas para iluminar las calles.

Cuando en alguna casa había venta de carne de res o cerdo se avisaba haciendo sonar “El cacho” y por la dirección del sonido se localizaba el lugar de la “matanza”.

Los únicos barrios existentes eran Chuchurubí y la Ceiba, en donde se celebraban numerosas fiestas con “ruedas” de fandango hasta el amanecer. Para las celebraciones de navidad y año nuevo los festejos arrancaban desde la noche del 24 de diciembre y se prolongaban hasta el 6 de enero, en jornada contínua en un mano a mano entre los dos sectores.

Para el historiador Severo J. Garcia, ya fallecido, la hoy capital del departamento de Córdoba fue fundada por Juan de Torrezar Díaz Pimienta en 1774, en terrenos del cacique Mocarí, y que don Antonio de la Torre y Miranda lo que hizo fue remodelarla y luego trasladarla, el 1° de mayo de 1777, al sitio que hoy ocupa, llamándola “San Gerónimo de Buenavista”.

La mayoría de los historiadores dan como fundador a Antonio de la Torre y Miranda, un ingeniero español, nacido en la localidad de Villada, obispado de León, en terrenos de la hacienda la Loma, que fue de propiedad de Roberto Berrocal Sánchez. En 1779 sus moradores la trasladaron al sitio conocido como Sierra Chiquita y más tarde al sitio que hoy ocupa.

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