No te preocupes, Todo Está Bien

Por: Toño Sánchez Jr.

Cada año nuevo y cada primero de enero viene cargado de una serie de promesas, sueños y deseos por parte de muchas personas. Promesas, sueños y deseos que, pasadas las semanas, o los días, se convierten en el arma de destrucción personal más cruel que se conozca.

Por ejemplo, una persona se promete no comer postres, pero al pasar de los días, cae y prueba un postre. Entonces comienza un ‘sicariato’ mental contra sí misma, que la lleva a destruir la poca autoestima que le quedaba. Y lo que era un bello sueño, se convierte en una cruel autolapidación.

Comienzan a acosarla pensamientos tales como: “no sirves para nada”, “no tienes autocontrol”, “por eso no logras nada en la vida”, eres un perdedor”, “eres una vergüenza”… y muchas más crueles sindicaciones, que llegan a términos más groseros.

¡Resultado de la operación!

No ha llegado el 15 de enero y ya queremos que se acabe el año o damos por perdido el año 2019.

No hay ser humano más terrible sobre la tierra, que uno mismo, contra uno mismo.

Muchas veces es más fácil perdonar a los demás que a uno mismo.

Y eso está bien, perdonar a los demás. Pero lo ideal es perdonarte primero a ti mismo y amarte primero a ti mismo. Lo escribí hace un par de semanas, la magia es perdonarnos a nosotros mismos y amarnos primero a nosotros mismos sin importar los demás. Así suene duro, fuerte o arrogante.

No hay pensamientos más destructivos que los que tenemos contra nosotros mismos. Por eso, este año, ese debe ser nuestro objetivo, antes que dejar de comer postres, rebajar, hacer ejercicio y otras metas más, la de dejar de autodestruirnos mentalmente.

La meta, tiene que ser la de controlar esa mente autodestructora. Los pensamientos los tiene cada quien. Y SOLO cada quien los puede y tiene que controlar. Si la mente te controla, déjame decírtelo en términos callejeros, yo soy callejero: ‘te llevó el putas’. Y nada va salirte bien a mediano o largo plazo. Vas camino a la amargura, a la envidia y a criticar a todo aquel que le vaya bien. Empezarás a ver SOLO lo malo de los demás, hasta de tus hijos.
Permítanme otra callejera palabra, la última de esta columna. ¿Dónde putas está establecido que se necesita un nuevo año o del primero de enero para hacer cambios en nuestras vidas?

Todos los días, al abrir los ojos, es una nueva oportunidad para empezar de nuevo. Así haya sido la noche más oscura de nuestras vidas.

Prometí no comer postres, pero caí. Me paro otra vez. Al día siguiente hago media hora más de ejercicio, camino más, aprendo de la caída. Pero lo único que no puedo hacer, es ponerme a pensar que soy lo peor del mundo, porque con eso voy a terminar es comiéndome todos los postres que vea y terminar haciendo lo que no quería hacer. Ese es el problema de la autocondenación y la culpa. Que terminas en una autocompasión, que se convierte en una justificación o autolicencia, para terminar haciendo lo que te proponías no hacer. Y después sigue algo peor, la victimización. Estás listo o lista.

Pero si te amas con pasión, ¿qué pasaría? Te dirías con amor a ti mismo: ‘No debías comerte ese postre, pero ya lo hiciste. No te atormentes por eso. Mañana que vayas a hacer ejercicio, haz 40 minutos más. Y vamos a reforzar nuestra fuerza de voluntad”. Te aseguro, que la próxima vez que estés ante un postre vas a estar más consciente en la decisión de si te lo comes o no.

Tenemos que copiar y replicar en nuestras vidas el ejemplo de las líneas aéreas y del boxeo.

Todas las aerolíneas en sus páginas web te preguntan ¿es flexible con sus vuelos? Eso tenemos que ser nosotros con nuestras vidas ¡FLEXIBLES!, más no crueles. Somos humanos, no somos perfectos. Además, que es con los errores y desaciertos con los que más aprendemos y crecemos.

¿Y qué aprender del boxeo?

Bueno, que las peleas de Título Mundial son a doce asaltos. Un año tiene doce meses. Podemos perder los primeros asaltos, pero terminar ganando la pelea por nocaut contundente. Muchas veces en la vida, la cuestión no es cómo se empieza, sino cómo se termina.

No te atormentes ni te castigues porque no has bajado los kilos que te propusiste o por si te da pereza ir al gimnasio. Más bien empieza a amarte a ti mismo primero como eres y verás que los cambios llegan en el momento menos esperado. 

Hay personas que desprecian el trabajo donde están, piden y sueñan con otro mejor. Pero al otro a donde vayan también lo van a despreciar. Tienes que amar el trabajo que tienes ahora, así tu jefe o compañeros no sean buenos contigo, para que veas que el trabajo con el que sueñas se te va a aparecer.

Quieres una casa nueva, pero odias y desprecias la que tienes ahora. Igual. Cuando llegues a la nueva vas terminar despreciándola. Ama la que tienes ahora mismo y verás que la nueva va aparecer y las vas a disfrutar de verdad.

No quiero terminar sin referirme a todas esas personas que viven echándole la culpa de todo a su ‘mala suerte’ y a los demás. 

A mí me da mucha pena con estas personas, pero quiero decirles que la mala suerte no existe externamente. Está viva internamente, tú la activas desde tú interior. La mala suerte es mental, y como lo dije al inicio de esta columna, cada quien es dueño y controla sus pensamientos. Por lo tanto, la tal mala suerte, te lo reitero, es mental, está en la cabeza de cada quien. Y como nosotros somos energía, atraemos lo que pensamos y deseamos, entonces se te aparece eso que cada quien, que lo piensa, llama ‘mala suerte’. Igual pasa con la pobreza, es mental. 

¡Y lo mismo pasa con la felicidad!

La felicidad es una actitud mental. Quién ha dicho que para ser feliz necesito tener millones en la cuenta del banco. En dificultades yo puedo estar tranquilo y ser feliz. Hace unos días un amigo me dijo algo muy cierto. Que hoy en día hemos asociado la felicidad a momentos extraordinarios, como un viaje, una fiesta, una celebración, tomar trago, estar en un restaurante, estar montado en un yate. Cuando tú, en tu casa, puedes estar en una hamaca, leyendo un libro, y eso para ti es tu máxima felicidad. Puedes estar armando un rompecabezas con tu hijo, y eso para ti es felicidad.

Y pasemos ahora a todos aquellos que le echan la culpa de todo lo que les pasa a los demás. Estos sí que están en una enfermedad mental terminal. Son discapacitados mentales. Todo lo que nos pasa está dentro de nosotros nada por fuera. Y lo que está por fuera, es porque nosotros lo hemos permitido. Un ejemplo claro de esto es que muchas personas supeditan su felicidad al comportamiento de los demás o de su pareja. Terrible error. Entonces, se pasan la vida con un inacabable talonario de vales o facturas, cobrando a los demás por sus desgracias y tristezas. Qué terrible manera esa la de vivir la vida. Para este tipo de personas todo mundo es culpable por lo que les pasa: la mamá, el papá, los hermanos, el vecino, los compañeros de trabajo, el marido, el amante, el perro, el sol, la lluvia, el gato, el cielo, las estrellas, la luna, las montañas, la tierra y hasta el aire que respiran. Pobre gente… pero la que recibe los cobros. 

Con todo mi afecto, y aún más con respeto, te invito a no ser cruel contigo mismo. Ámate con pasión a ti mismo. Acéptate como eres. Acepta a los demás como te aceptas a ti mismo. Se flexible contigo mismo. Pelea los asaltos de tu vida con todas tus fuerzas. Y aunque pierdas algunos, o todos, no te va a doler, porque cuando uno pierde dando el alma en la batalla no es derrota; hasta tu adversario te respetará más, en este caso, la vida lo hará más. No juzgues a los demás. Deséale el bien a los demás, en especial a tus enemigos y adversarios. ¡Hazlo! Y veamos cómo te va de aquí al 30 de enero de 2019.

Y una última cosa. Siempre los cordobeses y monterianos hemos sido los peores enemigos de los cordobeses y monterianos. Porque no nos referimos a los cordobeses y monterianos como a los cordobeses y monterianos que queremos ser y ver. 

Termino con esta bella cita de una gran mujer, que siempre he admirado, Golda Meir: Confía en ti mismo. Crea la clase de ser con quien serías feliz de vivir toda tu vida”.

Y Todo Está Bien. ¡Hecho Está!

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