Qué clase de sociedad hemos construido en los últimos 40 años

Por: Toño Sánchez Jr.

Me he ido dando cuenta que la gran mayoría de las personas hoy en día le echan la culpa de todo, lo reitero, de absolutamente todo, lo malo que nos pasa es a los políticos y a la política. Como si quisieran deshacerse de la responsabilidad que a todos nos toca asumir. A los políticos sí les cabe una gran responsabilidad, pero no toda.

Los políticos ni la política tienen la culpa de la manera en cómo educamos hoy a nuestros hijos en casa. Ni qué valores les enseñamos en estos tiempos. Ellos no tienen la culpa de que hayamos adquirido una cultura mafiosa hace más de 40 años. O que hoy el sinónimo de profesar respeto por el otro en esta ciudad se mida por el cuánto tienes y qué tienes.

Esto es como creer que las personas que nacen y se crían en zonas bajo condiciones deprimentes, todos serán delincuentes porque esa área donde habitan es peligrosa. Nos han vendido el cuento de que la pobreza genera violencia, si esto fuera así, Montería sería una zona de guerra invivible. La pobreza lo que genera en Córdoba es una humillante resignación.

Lo que yo veo hoy en Córdoba, puedo estar equivocado, es como un enfrentamiento entre los que se creían los únicos que podían ser ricos y los nuevos ricos que han utilizado todas las formas de lucrarse, legales e ilegales, para enriquecerse. Y tanto los primeros como los segundos, utilizaron en su momento a los políticos y a la política para enriquecerse o aumentar más sus riquezas. Ni hablar de quienes se apalancaron en el narcotráfico para salir de sus deudas y/o convertirse en lavadores de los mafiosos.

La gran mayoría gozó de la impunidad, no les pasó nada, pasó el tiempo, pudieron nuevamente comenzar y mostrarse como los señores que habían sido en un pasado, pero sin que nadie se atreviera a recordar su tórrido paso, por el mundo de la mafia.

Capítulo aparte merecería la época de la guerrilla. Allí mucha gente se enriqueció a mansalva con el secuestro, la extorsión y el robo de tierras. Como también sucedió con la llegada del paramilitarismo y las autodefensas. Muchos se enriquecieron en esa ‘temporada’ a costilla de los jefes de estos grupos antisubversivos. Hoy en toda Colombia existen personas y empresas que manejan muchos de esos miles de millones de pesos… y dólares. Recordemos que hasta en política se metieron, allí llevaron a sus más cercanos amigos o los familiares de estos. Quienes llegaron a hacer lo mismo que hacían los otros que fueron sacados por corrupción. Al punto que en un momento dado, por allá por el 2003, se llegó a decir que los paramilitares eran peores que la guerrilla.

Y en medio quedó una Córdoba y Montería, en su gran mayoría Estrato 1, 2, 3 y parte del 4, que sufrió y sufre, aquí sí, por el abandono del Estado. Y por no tener a unos políticos que ayudaran a construir un Departamento lleno de oportunidades, más no servil. Porque el servilismo es una manera humillante de gobernar. Todos caen allí: políticos, empresarios, comerciantes, personas y periodistas.

No olvidemos que el caos es también otra efectiva forma de enriquecerse, con la perversa ventaja, que vale todo, para quien tenga cercanía con quienes lo promueven.

Hoy, pareciera, que estamos ante una competencia de quien se deja o no coger en sus ‘negocios’. Quién se merece ser rico o no. Quien tiene derecho a manejar ‘la tula’. Más no en una búsqueda que nos permita un nuevo comienzo para Córdoba. En donde prevalezca el respeto por el otro, las prácticas honestas y la erradicación del oportunismo.

Lo que estamos viviendo por culpa de todas estas prácticas en los últimos 40 años, porque corrupción ha habido en todas esas décadas, y desde muchísimo antes, es que estamos ante una humillante, degradante y ofensiva exclusión que nos ha llevado a despreciar al otro por el simple hecho de no tener lo que yo tengo.

Hoy tú vales por lo que puedas mostrar que tienes, es por ello que estamos ante una generación que se le mide a lo que sea -riesgoso, legal o ilegal- con tal de tener dinero. No hay frenos de ninguna naturaleza a estos instintos.

Si con la educación férrea que se recibió hace más de 40 años, por parte de unos padres superfregados, hoy estamos viendo lo que estamos viendo: se pueden imaginar lo que veremos en 5, 10 o 15 años con esta generación, cuyo gen determinante es el ser sin agüero para lo que sea, con tal de tener billete?

Hoy, sino vas con una camiseta, correa, jean y zapatillas de marca no vales un peso, así tengas en tu cabeza posgrados, maestrías o doctorado. Hoy los invitados a los cumpleaños no son los verdaderos amigos, si no aquellos que te pueden hacer un lujoso y costoso regalo; o te puede hacer un favor para trepar.

Ya hasta en algunos almacenes, quienes atienden, primero te detallan y si no vas ‘marquetiao’ o ‘marquetiá’ te reciben de una manera tan despectiva que te obliga a salir corriendo.

Hoy sí que es cierto que ese adagio, el cual uno repetía tontamente, es un axioma en estas tierras: “¿Cuánto tiene$$$… cuánto vale$$$?”.

Estos momentos que estamos atravesando yo los veo como una imperdible oportunidad para hacer un cambio y construir una Córdoba y Montería más incluyente, menos desigual y definitivamente solidaria. ¿Eso es mucho pedir?

Dejemos atrás nuestros desaciertos y errores, volvamos a reconstruir la Córdoba emprendedora y pujante que hemos soñado, en donde todos podamos tener oportunidades. Quienes tengan que responder ante la justicia, que respondan. Esperemos a que regresen y démosle otra oportunidad de resarcir sus errores. En Colombia no existen las penas irredimibles ni el destierro. Y nosotros no somos nadie para expedir certificados o constancias de condena a los demás.

Al escribir esta columna me encontré al Padre Gumersindo Dominguez, por quien profeso un afecto, admiración y respeto reverencial, y me dijo: “Lo que más daño nos hace es que las personas representativas estén dando mal ejemplo. Y todo está en una buena educación, en casa y colegio, pero de nada sirve si Dios no está allí. Hay mucha gente inteligente haciendo daño, pero es porque no tienen a Dios”.

Yo estoy totalmente de acuerdo con esto que dice el Padre Gumersindo.

‪Y jamás olvidemos que las sociedades perfectas no existen. Las democracias perfectas no existen. Lo que sí existe! Son los buenos ciudadanos!

Quiero terminar con esta historia escrita por la señora Ana María Frege Issa:

La Roca

Una antigua historia cuenta que hace mucho tiempo, un rey colocó una gran roca obstaculizando un camino. Entonces, se escondió y miró para ver si alguien la quitaba.

Algunos de los comerciantes más adinerados y los cortesanos del rey vinieron y simplemente le dieron una vuelta. Muchos culparon al rey ruidosamente de no mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo algo para sacar la piedra grande del camino.

Entonces, llegó un campesino que llevaba una carga de verduras. Al aproximarse a la roca, el campesino puso su carga en el piso y trató de mover la roca a un lado del camino. Después de empujar hasta agotarse, lo logró. Mientras recogía su carga de vegetales, notó una cartera en el suelo, justo en el lugar donde había estado la roca. La bolsa contenía muchas monedas de oro y una nota del mismo rey indicando que el oro era para la persona que removiera la piedra del camino.

El campesino aprendió lo que los otros nunca entendieron: cada obstáculo presenta una oportunidad para mejorar la condición de uno.

No culpes a Dios ni a los otros por las dificultades que encuentres en tu camino. Busca la forma de vencerlos, el esfuerzo que hagas nunca será en vano, siempre aprenderás algo y te harás más fuerte.

Esas rocas que encontramos en nuestro camino pueden ser problemas familiares, financieros, físicos, emocionales, etc., pero ninguno de ellos será invencible si los enfrentamos en las fuerzas que Dios nos da.

Encomienda a Dios tu camino y mueve esa roca que te estorba. Verás que todo el esfuerzo habrá valido la pena y Dios nunca te abandonará.

“Pues todo lo puedo hacer por medio de Cristo, quien me da las fuerzas”. Filipenses 4:13 (NTV)

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