Si son bondadosos… son felices!

Para sorpresa de muchos, los hallazgos del trabajo realizado por un grupo de científicos que lideran la llamada “psicología positiva” encontraron que una felicidad perdurable tiene poco que ver con los éxitos académicos o profesionales, la riqueza, la juventud o la belleza física. Sus investigaciones revelaron que los seres humanos más felices son quienes tienen un gran corazón que se evidencia en la calidad de sus vínculos afectivos con los demás así como en su compromiso de servir al prójimo.

Esto significa que cultivar la bondad es la forma más sencilla de lograr que los hijos sean personas felices. Y que todos los padres podemos hacer la contribución más significativa a que ellos gocen de la verdadera felicidad inculcándoles un espíritu de servicio para que crezcan con el compromiso de hacer la diferencia en el mundo en que viven.

Inculcar la bondad en los hijos no es tarea fácil en un mundo en que cuenta más lo que tenemos que lo que somos y en el que la conveniencia individual está por encima del bien común, de manera que ser bueno a menudo se entiende como “no hacerle mal a nadie”. Los que no hacen el mal pero tampoco el bien, no son buenos sino inútiles, otra forma de ser dañinos. Tampoco es dar para quedar bien ante los demás o ayudar a un infeliz para “ganarse el cielo”, porque la bondad no es cuestión de trueque sino de amor.

Muy buena parte de los problemas resultantes de la pobreza de muchos de nuestros semejantes podrán aliviarse el día que haya más gente buena que haga el bien y menos gente inútil concentrada solo en lo suyo. Es hora de dejar de preocuparnos por educar hijos capaces de “triunfar en la vida” entendiendo por tal que ganen mucho dinero, y dedicarnos a formarlos para que se comprometan a hacer el bien sin mirar a quien. Es gracias a la bondad de unos con otros como todos prosperamos y se abona el terreno para que reine la paz en el mundo.

Tomado de El Colombiano – 

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