Todos quieren ignorar la masacre de Mejor Esquina (I)

Por: Toño Sánchez Jr.

Cuando llegué, bien temprano, el lunes 4 de abril de 1988, a la redacción del diario El Tiempo, a cortar cables, porque eso era lo primero que hacíamos los practicantes, recortar todos los días los boletines de las agencias internacionales de noticias y clasificarlos por hemisferio, para luego ponerlos en el escritorio del editor internacional. No tenía la más remota idea que unas horas antes, en mi tierra, y en un bello caserío de Córdoba, llamado Mejor Esquina, unos marranos se estaban dando un banquete con los sesos de más de 27 cordobeses que fueron asesinados la noche del 3 de abril de 1988 por un grupo de paramilitares que irrumpieron y empezaron a disparar cuando sonaba el porro ‘El Toro Negro’, interpretado por la Banda 3 de Mayo de Montelíbano.

Cuando me preguntaron dónde quedaba Mejor Esquina, no tenía ni la más mínima puta idea de dónde quedaba eso. Sentí vergüenza de no conocer mi tierra. Pero la magnitud de los hechos opacaba toda mi ignorancia. Mi padre era el corresponsal del diario El Tiempo en Montería y de inmediato le dieron orden de trasladarse a Mejor Esquina y no escatimar en gastos. Aunque el periódico también mandó a Mejor Esquina a uno de sus cronistas estrella.

Tener el privilegio como practicante de estar en la sala de los teletipos me permitía saber todo lo que mandaban desde Montería. Para mí era increíble que hubiesen matado a tanta gente, así por así, creía yo en esa época. Aunque ya un mes antes había conocido de otra masacre, la acontecida en los campamentos de ‘Honduras’ y ‘La Negra’, 4 de marzo de 1988, cuando varios trabajadores de las bananeras, en Currulao, Turbo, Urabá antioqueño, fueron asesinados una madrugada.

Todas las noches me llevaba a mi residencia copia de los cables que mandaba mi padre y el enviado especial desde Mejor Esquina a Bogotá. No entendía lo que pasaba, pero me apasionaba esa terrible historia. Quería escribir más sobre ella, pero para esos tiempos apenas estaba aprendiendo a escribir, y ni siquiera sabía si servía para esto del periodismo.

En aquellos tiempos se impuso la ‘hipótesis’ del Ejército Nacional de que la masacre se debió a que un grupo paramilitar, apodado ‘Los Magníficos’ (En alusión a una serie gringa de televisión), eran los responsables. Porque Mejor Esquina era un sitio que usaba, alias ‘El Viejo Rafa’, financista del grupo guerrillero EPL, como centro de mando para cobrar secuestros y ‘guardar’ secuestrados. Con el pasar del tiempo aprendí que muchas ‘hipótesis’ sobre los hechos eran impuestas por los militares y los medios de comunicación capitalinos las aceptaban sin cuestionar nada.

Este ‘manejo’ que daba el Ejército Nacional a la ‘hipótesis’ que imponía, permitía que los ciudadanos ‘admitieran’ que se podía llegar a una comunidad y acabar con ella por simple sospecha, en aras de la legítima defensa.

Lo que nadie sabía, en esos momentos, abril de 1988, es que Córdoba era propiedad de una pavorosa y letal alianza integrada por EPL – Narcotráfico – Paramilitares. En donde militares y policías muchas veces no sabían quién era verdaderamente el enemigo, aunque uno creería que por estar aquellos al margen de la ley lo serían, pero no era así.

La masacre de Mejor Esquina, pasó, como pasaron decenas de masacres en Colombia. Siguió la de ‘El Tomate’, Córdoba (Porque hay un Tomate en Antioquia), vino la de Segovia (11 de noviembre de 1988), luego llegó la de La Rochela (18 de enero de 1989), esta última tuvo lugar por otra masacre ocurrida el 4 de octubre de 1987 en el Magdalena Medio, cuando desaparecieron a unos comerciantes.

Todos estos temas me apasionaban y quería escribir más de ellos, pero consideraba que no sabía escribir y que eran solo un embeleco, como dicen en mi sinuana tierra.

Lo que no sabía, era que esa historia de Mejor Esquina me perseguiría toda mi vida.

Salí de El Tiempo y me dediqué a todo, menos al periodismo.

Pero como dice ese viejo adagio campesino: “Una cosa piensa el burro, y otra quien lo enjalma”. Le huía al periodismo, pero cada vez más perseguía. Hasta que regresé a él, tal vez lo hice para quitarme ese cargo de conciencia. Y en ese regreso me tropecé con un colega, que se convirtió en un gran amigo, Rahomir Benítez. Y en esas tertulias, únicas entre verdaderos periodistas, y adobadas de licor, cualquiera que sea, me dijo que era de Buenavista, Córdoba. Le pregunté por la masacre de Mejor Esquina y allí nació el libro ‘Crónicas que da miedo contar’, que es tan de él como mío. Y así lo dije en el lanzamiento de ese libro en agosto de 2003 en donde tuve el privilegio que me acompañara el general Hugo Martínez Poveda, quien fuera el Comandante del Bloque de Búsqueda que abatió al narcotraficante y jefe del Cartel de Medellín, Pablo Emilio Escobar Gaviria. Esa ceremonia fue en el Hotel Sinú de Montería.

Por eso hoy puedo decir, con toda autoridad, y sin ninguna modestia, que me he documentado sobre esta masacre de Mejor Esquina, pero estoy seguro que hay muchos cabos sueltos. Y por eso sigo buscando atarlos.

Y uno de esos cabos es saber por qué esta masacre siempre han pretendido tenerla ‘oculta’ o ‘ignorada’ en este país. Hasta los que se han arrogado el ‘derecho’ de resguardar la ‘memoria histórica’ de este país la ‘desprecian’. Como si no encajara entre las masacres que ‘les convienen’.

La pregunta sería: ¿Por qué?

¿Por qué fue en Córdoba?

¿Por qué el EPL fue la primera narcoguerrilla y no quieren que se reconozca?

¿Por qué fue el EPL el que le enseñó le negocio del narcotráfico a las Farc?

¿Por qué el EPL fue la herramienta ideal para el narcotráfico en los 80?

¿Por qué el EPL terminó tumbándose a sus socios, los narcotraficantes?

Lo cierto es que Córdoba era un hervidero para los años 80 y era la zona de guerra por excelencia en Colombia. Era el despachadero de cocaína más grande de este país. Tenía más de 35 (!!!) pistas entre legales y clandestinas (que conste que no eran pistas para carreras de caballos).

¿Y por qué era ese gran despachadero de cocaína?

Aquí la pregunta hay que reformularla: ¿Qué pasaba en este hemisferio en los años 80? ¿Quién llego a la presidencia de EE.UU. en 1981? ¿Qué pasaba en Centro América? ¿En qué consistía la llamada ‘Guerra Contra las Drogas’?

Se preguntarán, ¿qué putas tiene que ver Mejor Esquina, caserío de Buenavista, Córdoba, con todo esto?

¡Todo!

Porque la pista ‘Caballo Blanco’, que está todavía a pocos kilómetros de ‘Mejor Esquina’, era uno de los despachaderos oficiales de cocaína, que financiaba a la ‘Contra’ nicaragüense. Ya que hay serios indicios de que la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) hizo arreglos para esta macabra triangulación, que se llegó a conocer después como ‘Irán-Contras’.

De allí nació el asesinato de un agente de la DEA en Guadalajara, en febrero de 1985, Enrique Camarena. Hechos que están documentados en los libros: ‘Los señores del narco’, de Anabel Hernández; y ‘La CIA, Camarena y Caro Quintero’, de J. Jesús Esquivel. En esa casa, donde fue torturado y asesinado el operador de la DEA, estuvo Juan Ramón Matta Ballesteros. Hondureño que tuvo un largo historial en Córdoba.

 Esta historia para la próxima semana.

 To Be Continued…

 @Tonsanjr

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