Tres terribles males nos agobian: Odio, Rencor y Resentimiento

Por: Toño Sánchez Jr.

No he conocido una sociedad con más capacidad de autodestrucción que la monteriana y cordobesa. Aquí se convirtió en un hábito hablar mal, juzgar y condenar a los demás, y esto sucede, en todos los estratos. Por supuesto, que los que están en una escala mayor de poder son los más lapidadores.

Aquí todo mundo es bandido o bandida. Todo mundo es ladrón o ladrona. Todo mundo es puto o puta. Y cuando tú piensas así, y no solo lo piensas, sino que lo gritas en cuanta reunión te encuentras, ¿qué recibes? y ¿con qué te encuentras? ¡Con bandidos, bandidas, ladrones, ladronas, putos y putas!

Yo invito a toda la gente de Montería y Córdoba a que por unos diez minutos, lean en Internet algo de Programación Neuro Lingüística o a cualquier especialista en Neurociencia, para que sepan el poder que tienen nuestros pensamientos y nuestras palabras.

Con todo respeto, cuando yo cito algo de la Biblia no lo hago en términos de religiosidad, sino como cualquier texto que tiene buenas enseñanzas, pero allí hay muchas que nos hablan de los pensamientos y de lo que decimos. Una dice, que somos esclavos de lo que decimos. Y créanme que esto no un mero versículo, es una verdad de a puño… un axioma, que ni siquiera admite prueba en contrario.

Nosotros somos producto de lo que pensamos y decimos. No faltará quien diga que estoy redescubriendo la rueda y que el sol calienta. Pero resulta, que por muy rueda que sea, no nos damos cuenta de que es verdad e ignoramos el daño que causamos.

Tú por la mañana te levantas, piensas y dices: “va a ser un día de mierda”. Te aseguro que antes de las ocho de la mañana vas a tener ese sabor en tu boca y en todo tu cuerpo.

Te levantas, piensas y dices: “de donde vendrá mi primer madrazo hoy”. ¡De todas partes!

Te levantas, y comienzas a pensar y decir que vas a tener un terrible día. Lo más probable es que te caigas en el baño, que se parta la llave de la regadera, que los huevos salgan podridos, que un carro pase y te moje con agua sucia de la calle y hasta que te mee un perro.

Entonces por la noche, llegas a tu casa siendo toda una víctima, y le dices a tu esposa o compañera, “yo sí soy de mala”. Y le recalcas que eres todo un profeta: “Mira que esta mañana de lo dije, que iba a ser un terrible día”.

Resulta que esto no es ninguna mala suerte ni ningún mal designio, es que recibiste lo que pensaste y dijiste. ¿Qué más querías?

Si todos los días vivimos diciendo que todos los cordobeses son corruptos y bandidos. Que todas las mujeres son putas y bandidas. ¿Qué crees que vas a recibir y ver?

¡Métanselo en la cabeza y corazón de una vez por todas! Vamos a recibir lo que pensamos y decimos, no solo de los demás sino para los nuestros.

Si vives diciendo que tu hijo o hija no sirven para nada, que no hacen nada, que son irresponsables, que se parecen al padre o madre en lo malo; te aseguro que peor les va a ir en el colegio, universidad o en la vida. Y hasta superaran lo que dices, para que te quede la amarga satisfacción de que tuviste la razón.

Hay esposas (incluida su familia) que viven solo criticando y juzgando a su esposo, siempre regodeándose con lo malo y los errores que comete. ¿Qué reciben? Eso mismo que están rumiando, y al triple.

Hay ciudadanos que viven diciendo que TODOS los políticos, gobernadores y alcaldes son bandidos o bandidas. ¿Qué crees que vas a ver? Más políticos y gobernantes bandidos. Entonces, por qué te quejas. No es lo que vives deseando.

Me podrá decir alguien: “es que yo no deseo eso”. Yo te respondería de la siguiente manera: es que de la abundancia de tu corazón habla tu boca.

Nos guste o no, todos somos energía, tenemos un gran poder de atracción, para lo bueno y lo malo. Todo está dentro de nosotros, nunca, pero nunca, por fuera de nosotros. Esto quiere decir que somos producto de lo que pensamos y decimos.

Esto no se trata de ser positivo ni de pendejadas de esa. Esto se trata de que todos tenemos un inmenso poder al interior de nosotros que convierte en realidad lo que pensamos y decimos.

Les pongo este ejemplo. Usted se encuentra por dos días con una persona que empieza a hablar mal de los demás, que no habla sino de lo malo que le va en la vida y que sufre porque a alguien le va bien. Al tercer día, usted a penas lo vea cambia de acera o de calle. ¿Por qué cree usted que lo hizo? Porque la energía de esa persona nos hace daño. Ese tipo de personas nos roban nuestra paz y energía. Son unos camiones de basura andante, que andan buscando un ‘container’ humano para descargar toda su basura. Así sucede, cuando pensamos solo lo malo de los demás cordobeses, que descargamos toda nuestra basura sobre Córdoba, y después pretendemos oler a rosas.

Te lo reitero, métetelo en la cabeza y alma, recibimos lo que pensamos y decimos.

Con esto no quiero decir que aquí no pasa nada. Claro que han pasado serios casos de corrupción.

Pero no era lo que deseabas, al decir tantas veces que todos somos corruptos y bandidos. Y lo terrible de todo esto es que muchos y muchas condenan la corrupción, no por el mal que trae, sino por no estar en el ‘combo corrupto’.

Pensemos lo bueno de los demás y tengamos una palabra de elogio para los demás. Hablemos de lo que queremos ser,  no más regodeo con lo malo. Vamos atraer lo bueno.

Mira, entre más hables de la enfermedad, más enfermo te vas a sentir. Entre más hables de miseria, más miserable te vas a sentir. Entre más hables de pobreza y escasez, más pobre e insolvente serás. Entre más hables y magnifiques los problemas de tus hijos, hijas, esposo o esposa; más grande serán.

Y aprovecho para decirle a los políticos, gobernantes y alcaldes, entre más le paguen a periodistas para atacar a rivales y demás personas, más infamias van a ver. Y todo eso se devuelve.

Vamos a pensar lo bueno de los demás. Todos tenemos algo bueno. Además que no somos perfectos. Y la prueba es que nadie en esta tierra cumple al pie de la letra los 10 Mandamientos. Entonces no me vengan con santurronerías. Y para los que creen en Dios, quiero decirles que Jesucristo no vino por santurrones, vino por pecadores como yo y como tú. Y todos mis pecados ya fueron pagados hace más de dos mil años en una cruz. Esto quiere decir que estamos a paz y salvo, entonces vamos a pensar bien de los demás y a decir algo bueno de los demás.

Se necesita la misma energía para pensar y hablar negativamente, porque no escogerla para lo contrario.

Lo terrible de todo esto, es que el hablar mal de los demás y juzgar a los demás, sin conocer sus problemas, es una adicción más poderosa que la heroína. Y dicen que quien cae en los senderos de la heroína jamás puede salir de allí. Pero se han visto milagros.

El año que viene se avecina una campaña política llena de ataques e infamias y creo que la única manera de contrarrestarla no es pagando con la misma moneda. La infamia, odio, rencor y resentimiento no han construido ninguna buena sociedad en el mundo.

@tonsanjr

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